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Reflexiones: Abuso sexual infantil

Uno de cada dos niños/as que han sufrido abuso sexual elige como confidente a un amigo y uno de cada cinco a su madre. Un 22% se lo cuenta a otro familiar; sólo un 0,42% de las víctimas cuenta su experiencia a profesionales y ninguno recurre a la policía, jueces o abogados. // por Lic. María Beatriz Müller*

Una de las definiciones más completas sobre abuso sexual infantil (ASI) es la que comprende “los contactos e interacciones entre un niño y un adulto, cuando el adulto (agresor) usa al niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a otra persona. El abuso sexual también puede ser cometido por una persona menor de 18 años, cuando ésta es significativamente mayor que el niño (la víctima) o cuando (el agresor) está en una posición de poder o control sobre otro menor”, elaborada por el National Center of Child Abuse and Neglect.

Los abusos sexuales se definen a partir de dos conceptos: el de coerción y el de la diferencia de edad entre agresor y víctima. “La coerción debe ser considerada por sí misma, criterio suficiente para que una conducta sea etiquetada de abuso sexual del niño/a, independientemente de la edad del agresor”. La diferencia de edad impide la verdadera libertad de decisión y hace imposible una actividad sexual común, ya que los participantes tienen experiencias, grado de madurez biológica y expectativas muy diferentes. Esta asimetría supone en sí misma un poder que vicia toda posibilidad de relación igualitaria.


Así, nos enfrentamos con el hecho que el ASI sucede siempre dentro de un grupo primario o secundario, con una trama social compartida. Se debe, entonces pensar al abuso como síntoma social que emerge en un sistema familiar o institucional, cuya estructura inconciente incluye en su historia sucesos de abuso. En la práctica cotidiana se ve esta repetición histórica, muchas veces durante varias generaciones.

El abuso se lo debe conceptualizar como un proceso que se va instalando a través del tiempo y que consta de varias etapas. Las cuales tienen como objetivo, por parte del perpetrador, ganar la confianza del niño e ir logrando un mayor acercamiento y obtener finalmente la convicción en el niño de que él realmente quiere lo que el abusador le hace. Esto es lo que dificulta que los niños/as cuenten lo que les está ocurriendo de manera verbal y explícita, pero sí lo hacen de manera simbólica con cambios actitudinales.

A pesar de los avances en la temática todavía hay situaciones y creencias que afectan negativamente al niño/a que ingresa en el circuito de las diferentes instancias institucionales luego de haber contado el abuso sufrido. El grupo “Save the Children“, elaboró una investigación llamada “Niños víctimas de abuso sexual y el procedimiento judicial”, donde el objetivo apunta a reducir una nueva victimización del niño y su familia a la que son sometidos por el procedimiento judicial. Entre los puntos mas importantes se encuentran:

1 Falta de trabajo en conjunto entre los fueros civil y penal.
2 Ausencia de personal de Atención a la Víctima que pueda hacer un acompañamiento.
3 Carencia en los juzgados de personal que se especialicen en los delitos que tienen como víctimas a la infancia.
4 Se ponen en juego en ese caso una serie de falsas creencias que rigen la conducta de muchos empleados o profesionales que los atienden. Estos mitos o prejuicios dirigen de alguna manera el actuar y provoca graves secuelas en el trabajo con las victimas de ASI. Por ejemplo: la cantidad de alegaciones falsas es solamente del 8%, sin embargo este hecho ha dañado la credibilidad de la víctima en los casos de abuso sexual infantil, calando entre los profesionales del ámbito judicial.

Los profesionales olvidan a menudo, además, que son muchos más los falsos negativos que los falsos positivos. Son muchos más los casos en los que tuvo lugar el abuso y en los que los niños acaban retractándose de su historia por presiones y en los que la denuncia es sobreseída por falta de pruebas. Y, en cualquier caso, se debe recordar que ese niño/a, aunque la denuncia sea falsa, está siendo sometido a un maltrato evidente ante el que las instituciones están obligadas a actuar.

Cuando el niño/a se retracta, se tiende a creer con mayor facilidad la retractación que la versión primera. Para los profesionales y la sociedad es mucho más fácil de creer la retractación y la absolución del agresor que la responsabilidad de éste en el hecho. No se pone tanto énfasis en comprobar y validar los motivos que han podido llevar al niño/a a retractarse como el que se pone en comprobar la veracidad y fiabilidad de su relato.

En este contexto es muy difícil la tarea de quienes nos dedicamos al abordaje de esta temática, y es por esta razón que desde hace años venimos realizando encuentros de profesionales con el compromiso que asumimos ante la Women’s World Summit Foundation a formar parte de una coalición de organizaciones no gubernamentales de todo el mundo para difundir la fecha 19 de noviembre como el “Día Mundial para la Prevención del Abuso y Maltrato hacia los Niños/as”, el 20 de noviembre como “Día Universal del Niño” y el 25 del mismo mes como “Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer”.

Confesiones y silencios. En nuestro país, el 30% de las víctimas de abuso sexual infantil no se lo cuenta absolutamente a nadie porque teme la reacción de los demás ante la revelación, ya sea por sentimientos de culpabilidad o de vergüenza.
Uno de cada dos niño/as que han sufrido abuso sexual elige como confidente a un amigo y uno de cada cinco a su madre. Un 22% se lo cuenta a otro familiar; sólo un 0,42% de las víctimas cuenta su experiencia a profesionales y ninguno recurre a la policía, jueces o abogados.

En los últimos tiempos hemos recibido un número muy significativo de niños/as de 2 a 5 años víctimas de abuso, generalmente intrafamiliar, y también se han presentado situaciones de abusos colectivos de niños en jardines de infantes y escuelas, como algunos resonados casos aún en proceso.

Otro dato significativo es que nos ha llegado una mayor cantidad de casos de abuso infantil en clase media y media alta por lo tanto, la creencia de la pobreza, como favorecedora del abuso no es representativa de la realidad”, agrega la directora de la ONG que lucha contra la violencia, el maltrato y el abuso.

Es importante mencionar que en los últimos dos años ha sido importante la cantidad de abusadores que han sido sentenciados a partir de las evaluaciones psicológicas presentadas como prueba en los juicios orales y de las declaraciones de los profesionales actuantes.

Presidenta de la Cuarta Jornada sobre Abuso Infantil*
Fuente: La Capital de Rosario – Opinión (27-10-2010)

Mujeres por Igualdad de Derechos Escobar
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