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¿El Enemigo en Casa? - 3

¿El Enemigo en Casa? es un trabajo realizado por la Psicóloga Clínica y Comunitaria Licenciada Alejandra Palacios Banchero*. La extensión de este escrito hace que debamos publicarlo en varias entregas, pero la claridad y simpleza de su exposición permite una comprensión clara y una ayuda para todas las perdonas que se encuentran en situación de VIOLENCIA FAMILIAR

Cualquier persona puede ser víctima si se engancha en una relación de abuso, violencia y maltratos continuos. No importa el sexo, la edad,
el nivel social, educacional o cultural.
Se ha observado que en la mayoría de víctimas hay antecedentes de episodios depresivos previos al abuso y tendencia a establecer relaciones
asimétricas con el otro sexo, por lo general, aceptando reglas patriarcales o matriarcales en la relación.

Terminó la “luna de miel” y entraron en el juego de las manipulaciones, humillaciones y maltrato

En la historia de muchas de estas personas – hombres o mujeres -se ha observado que han sido víctimas o testigos de conducta violenta y
probablemente hayan desarrollado una autoestima baja y una alta tolerancia a la violencia, ya que se trata de un modelo aprendido. Por lo tanto, al igual que la conducta del agresor, la conducta de la víctima también es una conducta aprendida.
En estados depresivos originados por situaciones adversas, enfermedad, crisis de la edad, vivencia de alguna situación traumática, duelo, dificultades económicas, familiares o sociales, entre otras, la persona se encuentra triste, apática, su autoestima está disminuida y lo invade el pesimismo
En ese estado, la persona se encuentra vulnerable y al establecer una relación de convivencia con una pareja manipuladora, con tendencias
controladoras y dominantes, fácilmente y sin darse cuenta, se entra dentro del juego de la violencia y el papel que representa es el de
víctima.

Instaurado el abuso, la violencia y el maltrato , la víctima poco a poco se va sintiendo desconcertada, frágil, indefensa, sin protección y
amparo. Llega a soportar el maltrato en silencio y acepta la situación como irremediable y sin solución, vive desconcertada, sugestionada, sometida al temor y a la presión.
Su pareja le ha repetido tantas veces que no sirve para nada y que ella lo provoca, que termina creyéndolo. Cae bajo un estado de sugestión
como mecanismo para defender su integridad física y psicológica, y al igual que casos de víctimas de secuestro o en situación de rehén,
llega un momento que se identifica con el agresor, siente que ambos “están en el mismo barco” y por lo tanto, piensa que cualquier intrusión los puede dañar. No permite que otros intervenga (amigos, parientes, autoridades) y acepta su situación en silencio y como inevitable.


A la víctima le es difícil romper la relación y permanece con su pareja probablemente porque cree que las alternativas que tiene son peores que su situación (dificultades económicas, prestigio social, responsabilidad con los hijos, aislamiento del entorno falta de apoyo, temor a la soledad, una justicia incompetente y lenta, etc.), o por las amenazas de la pareja, que por lo general resultan creíbles, o por haberse enganchado en una situación paradójica de dependencia afectiva, en la que la víctima tiende a proteger, justificar y disculpar al agresor. (Síndrome de Adaptación Paradójica o Estocolmo doméstico).
Su lucha por soportar un estrés continuo de grandes proporciones y adaptarse para preservar su integridad, la hace aceptar las conductas
abusivas, y violentas de la pareja como “normales” o irremediables en la relación o llega a convencerse que puede soportar la situación,
generando en ella una alta tolerancia a la violencia y actitudes de sumisión.
Bajo la sugestión creada, se convence también que es ella misma la que provoca la violencia, se culpa y se censura o piensa que algún día el agresor cambiará su conducta y podrá vivir en armonía y tranquilidad.
Culpa también a otras personas, a las circunstancias o a situaciones de conflicto externos a la familia: “No le tengo paciencia“, “yo tengo la culpa”, “es por el trabajo”, “fulanita o menganito lo tiene así”, “son las preocupaciones”, “los niños lo alteran”, son frases que dice la víctima para justificar o culparse, pues no logra enfrentar y resolver la situación.

Tu condición sin ayuda...


Sin protección y sin una decisión por parte tuya, es como una herida que permanece abierta, se infecta y empeora cada día más. Sientes algo igual a una depresión. No controlas tu vida, no tomas tus propias decisiones, no exiges tus derechos ni el respeto que te mereces.
No tienes oportunidades, tus opiniones no cuentan. La vida pasa y te conviertes en una persona sin voluntad, sin deseos, sin emociones.
El es dueño de tu vida, de tus pensamientos, de tus sentimientos, de tus ilusiones.

En una situación como la tuya...


De tanto dolor, tanta angustia y tanto sufrimiento, las personas reaccionan de diferente manera y recuperarnos requiere de tiempo y energías.

Es como una herida abierta que hay que curar antes de que cicatrice Es un proceso muy doloroso que requiere de fuerza de voluntad y de toma de decisiones; con reacciones y síntomas que son totalmente normales y esperados en cualquier persona en tu situación.

Si sales de la sugestión en la que te encuentras...


Ves la realidad de tu vida, levantas tu imagen, tu estima y tomas una decisión. Tu herida irá cicatrizando. Pero este proceso no es fácil ni inmediato, ni tampoco es igual para todas las personas.
Nos podemos demorar unos cuantos meses o unos años. Depende de nuestra personalidad, de la experiencia vivida, de la intensidad y
la calidad de los sentimientos, de nuestras responsabilidades.
De tu compromiso, de tus responsabilidades, de tu situación como pareja, del tiempo que ha durado la relación, de la carga familiar que tienes, de cuán dependiente eres de tu pareja.
Del apoyo y comprensión de nuestra familia, nuestros amigos, de la comunidad. De poder o no comunicar nuestros pensamientos, ideas y
sentimientos a los demás con libertad y confianza.
De los recursos que tienes y que no haz podido utilizar. De poder enfrentar sin temor, los problemas que suceden al mismo tiempo y que empeoran nuestra situación, pero que con voluntad y esfuerzo podremos resolver.

El trauma que causa la violencia familiar es como una herida abierta que necesita voluntad, tiempo y esfuerzo para que cicatrice y cure

Todo proceso de recuperación...

Al igual que la cicatrización de una herida, pasa por diferentes etapas y cada una de ellas puede tener diferente duración:


(1) Cuando afrontamos la realidad, no creemos lo que nos está pasando. Nos sentimos culpables, desconfiamos de todo y de todos, sentimos
como si nada ni nadie nos conmoviera. Estamos confundidos, inquietos, angustiados, temerosos, lloramos, nos sentimos enfermos.
(2) Cuando hemos tomado una decisión, nos sentimos nerviosos, con miedo por lo que pueda pasar. Estamos preocupados, nos sentimos
enfermos tenemos problemas en el estómago, dolor de pecho, hacemos cosas sin objeto ni sentido, nuestro sueño y nuestro apetito ya no
son iguales.
(3) Al ir aceptando la situación, nos sentimos nerviosos por la decisión que hemos tomado, culpables, agresivos, frustrados, con miedo,
añoranza y llanto. Podemos sentir a la pareja, soñar con ella, hacer cosas como si el o ella estuvieran todo el tiempo a nuestro lado
exigiéndonos, maltratándonos o demostrándonos atención y cariño. Nuestros sentimientos se confunden.
(4) Pasamos luego a un estado en el que queremos estar solos, queremos descansar. Nos volvemos impacientes, fatigados, débiles, faltos de
sueño, nos despertamos como si no hubiéramos descansado lo suficiente. Nos sentimos desesperados, desamparados, impotentes, sentimos que debemos hacer algo para aliviarnos y salir de este estado. Sentimos algo idéntico a una depresión.
(5) Cuando queremos salir del estado en que nos encontramos, podemos hablar a veces con timidez y vergüenza, sobre lo que nos pasa, lo que sentimos y pedimos protección, apoyo, ayuda.
Al comienzo con temor, todavía sintiéndonos enfermos, pero con la voluntad de hacer algo por nuestra situación.

Enfrenta la realidad.
Busca soluciones. Toma decisiones.
Así irás colocando la cura que necesitas para la cicatrización de tu herida.


(6) Vamos luego aceptando la realidad y volvemos a ser otra persona, cambiamos nuestro estilo de vida, nos preocupamos por nosotros.
Retomamos el control de nuestras vidas, abandonamos los papeles que cumplíamos antes, buscamos un significado a las cosas, perdonamos
y olvidamos. Podemos dormir mejor porque nos estamos recuperando. Es decir, nuestra herida está cicatrizando.
(7) Una vez cicatrizada la herida, realizamos los cambios necesarios para darle sentido y propósito a nuestras vidas, recuperamos nuestra
autoestima, nuestra autonomía y orientamos nuestro interés hacia nosotros y hacia otros .
(8) Perdonamos y olvidamos y podremos vivir, con la experiencia vivida, con nuestro dolor, pero
con fe y esperanza.

Entonces, sin miedos, sin angustias podremos decir:

YO SOY YO Y ESTOY BIEN!!!

Pero si pensamos...


Que la soledad, el alcohol o las drogas nos pueden aliviar, estamos muy equivocados.
No nos ayudarán, nos enfermaremos y tendremos mayores problemas. El alcohol y las drogas nos alejan de la realidad, nos hunden y nos enferman.
La soledad nos deprime y también nos enferma.
Tampoco servirá confiar en personas inadecuadas (charlatanes, gente de poca confianza), que pueda que nos escuchen, pero no nos comprenden, no nos aportan protección, apoyo o soluciones.
No es verdad que una relación accidental u ocasional pueda aliviarnos; mas bien complica nuestra situación.

Un clavo NO saca otro clavo. Es probable que en tu condición caigas en la misma situación.
Seguirás siendo víctima de otro agresor.


No te enganches en otra relación sin haber superado el problema, “un clavo no saca otro clavo“ es probable que en tu condición sin haber
superado y resuelto tu situación, probablemente te hará engancharte en una nueva relación con características similares a la anterior. Habrán mayores conflictos, mayor confusión. más desconfianza y mayor desesperanza, pues el ciclo se repite una y otra vez, aún a través de varias relaciones y el papel que te tocará representar será el de siempre: el de víctima.

Mujeres por Igualdad de Derechos Escobar
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